Una familia de cisnes
Texto y vídeo: Eva Mayordomo Fotos: Pañeda / Gijón
A las cinco de la tarde, la profesora Vanesa Cascales enseña ballet a sus alumnas, que preparan “El lago de los Cisnes”
Al aproximarse a la calle Conde de Toreno 30, en Gijón, de entre el ruido de motores de un taller cercano se van definiendo unas sutiles notas musicales. Tchaikovski adorna el panorama sonoro del barrio de El Coto. Dentro de la Academia de Danza Vanessa, la joven reina Odette, aletea sobre sus zapatillas bailando un solo. Este cisne sin plumas es Jennifer Cascales, de veinte años. A pocos metros, quien interpreta a su hermana Odette la observa atentamente. Elena Barrero, de cuarenta y cinco años ha visto la película “Cisne Negro”, de Darren Aronosfsky, “unas cinco veces”.
En ella, una Natalie Portman metida a profesional de la danza clásica interpreta una versión «muy fuerte» de la famosa obra. Pero, aunque «no es para niños», admite, sla fuerza visual de las imágenes del filme explica la fascinación que le provoca.
Porque el ballet «es espectáculo. Yo cuando me subo al escenario interpreto un papel», afirma Jennifer. Su hermana Vanessa, quien las dirige a todas con batuta «firme, tengan la edad que tengan las alumnas», asiente y añade, con una pizca de contrariedad, que, además, «la gente no lo ve como un deporte. Como parecen elegantes sobre las tablas, como flotando, parece que no hay esfuerzo». De este modo reivindica una disciplina que aúna las artes de la interpretación, la danza y los avatares del deporte más exigente, con el talento natural. «Se puede empezar con cualquier edad, pero si empiezas tarde claramente no vas a llegar a primera bailarina», explica Vanessa. Sin embargo ese no es el objetivo, a día de hoy, de las presentes, que lo compaginan con los estudios y el trabajo. Al terminar la carrera de tres años de ballet, tienen la opción de continuar y especializarse o bien en dar clase, o bien en labrarase un futuro en una compañía._Pero ahora mismo, la mirada la tienen puesta en su próxima actuación en el_Teatro de la Laboral y de presentar un «Lago» perfectamente sincronizado.
Llama la atención que varias de las presentes apenas lleven dos años en el ballet, y sin embargo ya dominan los pasos de complicada terminología, como «develoupés», «grand battements», y «port debras», además de mantenerse sobre las puntas de los pies, por descontado. ¿Cómo lo han conseguido? En el caso de Elena, ha llegado a entrenar entre seis y ocho horas por semana. Su familia y sus hijos le decían «que estaba loca._Les costaba entender que me iba, y que me iba a bailar».
De entre las cortinas que dan paso a los vestuarios salen dos hermanos, la pequeña Nazaret y su hermano Sergio, con ocho y nueve años respectivamente. Ambos con bolsa de deportes a sus espaldas. Su madre, Mila Aragón, cuenta que también «ellos» encuentran dificultades. No tantas como las que se encontró Billy Elliot, el protagonista de la película homónima dirigida por Stephen Daldry, pero a tener en cuenta. «No lo puede decir en el cole, se reirían de él._Ya va siendo hora de que se eliminen los prejuicios, pero los niños son niños». Pese a ello, como el hijo pequeño de mineros ingleses, Sergio tenía claro «desde los tres años que quería bailar». Y aquí está, observando a Sara Moro de catorce, Claudia de Dios de quince, Eva Barcia de diez y Gabriela del Mar, que cuenta con once años, calentar de cara al espejo, con el cuello muy recto y la mirada al frente. Desde los tres a los cuarenta y cinco todos forman «una gran familia», apunta Jennifer. Son muchas horas con las manos en la barra y con el tutú «entre cajas. Así se llama en el mundo del ballet a las bambalinas». Y de entre cajas hay que salir «siempre», dice Vanessa, «con la sonrisa puesta, si te duele algo, si tienes una herida en un dedo del pie, que no se note». «Disfrutar» delante del público para que este lo haga también.
Por otro lado, la historia de dedicación y trabajo no la cuentan solo las alumnas._Vanessa Cascales estrenó la academia hace tan solo dos años. Antes, «a algunas les había dado clase en colegios._Cuesta que te conozcan y te valoren como profesora». Ahora ha conseguido establecerse por su cuenta, y ofrece un festival anueal en el que no solo el ballet está presente. También ensayan estos días el musical «Grease» y otros tipos de danza.
«Si por mi fuera, la danza clásica sería asignatura obligatoria en los colegios._Educación física, y aparte, otra hora más de esto». Mila y Vanessa coinciden en el planteamiento y enumeran las ventajas de este deporte tan artístico, o de este arte tan físico: «Aprendes disciplina, respiración, a tener una buena postura, haces ejercicio...». Y, por supuesto, a tener ese fondo de actor. «Intentamos repartir los personajes que mejor sepamos interpretar», en base a sus afinidades y preferencias. A Jennifer se le resisten «los de chico, no me consigo meter en el papel». Todo lo contrario que Elena, que se muestra contenta con los roles masculinos cuando se tercia. A falta de más vocaciones como la de Sergio, seguirá haciendo falta por un tiempo en la academia.
Tchaikovski vuelve a inundar la sala, esta vez a todo volumen. Se escucha roce de tules. ¿O es un aleteo?














