A C T U A L I D A D
ENERO 2007: SEMANA DE LA MODA DE PARÍS -
Lunes, 22 de enero de 2007
Galliano emociona en París
El modisto gibraltareño John Galliano dejó hoy a su público de Christian Dior emocionado ante tanta belleza, con su alta costura de marcada inspiración japonesa, presentada en la primera jornada de colecciones para la próxima temporada estival
Lola Loscos
"Glorioso", "el mejor desfile que nunca vi", "fantástico", "sublime"... Los adjetivos no faltaban al término del desfile para intentar describir la obra de arte que se acababa de contemplar.
Galliano para Dior es algo siempre memorable, pero hoy fue más allá y elevó el listón de la ya inaccesible "couture" francesa.
Se apoyó para ello en su talento, en la "sabiduría Dior" preexistente y en Japón.
Una de sus figuras legendarias, "Madama Butterfly", la joven geisha Cio-Cio-San, que en la ópera de Giacomo Puccini cree casarse con el teniente de la marina estadounidense Benjamin Franklin Pinkerton, le inspiró de manera especial.
El resultado fue una serie de 45 delicados modelos-joya, entre ellos algunos trajes de chaqueta, pero sobre todo vestidos, siempre de noche, para galas, cócteles y ocasiones muy especiales, bordados, adornados con picos, a menudo asimétricos, en colores degradados, de paletas similares o contrapuestas.
El origami, arte milenario japonés de plegado de papel, impregnó cada una de estas obras, que mostraban sus voluminosos y puntiagudos picos con sorprendente elegancia.
El vestido de novia final, bautizado, precisamente, "Ciao-Ci-San", en gazar blanco roto bordado, fue un excelente ejemplo de esta "sabiduría Dior", actualizada con brío para el siglo XXI y retocada por la inspiración japonesa.
Todos los códigos Dior, del "New look" y la cintura marcada a las espaldas construidas, los grandes volúmenes, el perfecto acabado o los tejidos suntuosos, estuvieron presentes en la colección.
Los colores fueron azules, rosas, beige, oro, turquesas, verdes musgo, pero también rojos sangre, violetas o verde oliva, combinados entre sí de manera magistral, con detalles pintados a mano, bordados, degradados, casi siempre con al menos un detalle esculpido en origami, otras todo el vestido.
Los trajes de chaqueta Dior, muy estructurados, lucían hombros y cintura muy marcados, en rosa, fucsia o azul por la mañana, para hacerse rockeros avanzado el día, y entonces negros, en piel de cocodrilo, o marrones, bordados de plumas.
El maquillaje de rostro pálido y ojos alargados, bajo grandes o muy pequeñas cejas, sobre mínimas bocas, la pintura de las uñas y el complicado, a veces aparatoso, siempre embellecedor peinado, a juego con sus respectivos modelos, fueron fundamentales para el espectáculo.
Peligrosas sandalias -por supuesto, de inspiración japonesa- sobre plataformas de madera dificultaban la marcha.
Sobre una pasarela recta el efecto habría sido casi imperceptible, pero en la reconstrucción intimista de los salones de la "maison Dior" a los que Galliano invitó hoy a su público -en la carpa de siempre, en el bosque de Bolonia, muy lejos del centro de París - esta leve dificultad era un elemento principal en el porte de cada modelo y el decorado musical Butterfly.
Y él, de militar
Tras haber mostrado tan bellas geishas, Galliano, que gusta de saludar a su público vestido en armonía con su última creación, pudo haber optado por transformarse en Puccini.
Prefirió, sin embargo, un uniforme militar americano de principios de siglo XX, a lo Pinkerton, con sombrero negro bicornio adornado con plumas blancas en lo alto, sobre una melena larga rizada, guerrera azul, pantalón blanco sobre botas negras altas y gran espadón plateado.
De esta guisa recibió los aplausos y ovaciones de sus "adoradores", saludó a las más altas jerarquías de la firma LVMH, a las que pertenece Dior, y recorrió la enrevesada pasarela cuyo montaje había obligado a reducir en varios cientos el número de invitados.
La privilegiada asistencia pudo, en todo caso, comprender sin dificultad por qué un hombre del talento de Galliano dice sentirse "enteramente" modisto y tener "su corazón en la moda , al menos por el momento".
El histórico desfile coincidía con el décimo aniversario de Galliano al frente de la dirección artística de Dior, firma que acaba de cumplir sesenta años y que desde hace diez va de éxito en éxito, también comercial, de la mano del genial modisto formado en la prestigiosa escuela de artes Saint Martin de Londres.