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| Orquesta Iris, de Calleja, una de aquellas clásicas formaciones. |
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Se trata de una aventura en la que se embarcaron
hace un tiempo Rosa Fernández Delgado,
directora de la Escuela de Música de Tinéu y
componente de formaciones musicales como
Los Concetsones y Muyeres, y el poeta Elías Veiga.
Un proyecto que tendrá uno de sus colofones
esta tarde, con el concierto que reunirá en
Tinéu a miembros de formaciones que elaboraron
la banda sonora del recuerdo de decenas de
generaciones.
Términos tradicionales como ‘dir a fiesta’, ‘tarde
folixa’ o ‘andar de candanga’ reflejan el sentimiento
de un tiempo duro, la larga posguerra,
en el que los escasos momentos de diversión
venían de la mano de formaciones musicales de
baile que, en la mayoría de las ocasiones, no
traspasaban los límites del propio concejo.
Músicos de formación autodidacta que, junto
a las piezas que se ponían de moda a través de
la radio, desarrollaban un repertorio completo tradicional,
integrado por jotas, saltones y muñeiras,
y al que a lo largo del siglo se habían incorporando
otros ritmos más recientes, como las
rumbas, las polkas y los pasodobles, integrando
el conjunto de bailes conocidos como ‘agarraos’.
Hace unos meses el flautista Pepín de Muñalén,
componente de bandas como Tuenda o la
Bandina’l Tombo, me hizo llegar una grabación
casera de la Orquesta de Sanfrichosu. Un par
de temas que reflejaban el gran conocimiento
que tenían los músicos de los 50 y 60 de lo que
estaba ocurriendo en música al otro lado del océano.
Música de baile, a la manera que reflejaban
las bandas sonoras de Gershwin o de Bernstein,
o que llegaban a través de las ondas de la radio
tras las voces de Nat King Cole o de Machín.
Por toda Asturies podrán encontrarse historias
similares de estas bandas. Pero es en Tinéu
donde Rosa Delgado y Elías Veiga se han atrevido
con la empresa. Un trabajo que, más adelante,
se completará con una publicación que reflejará,
en sus propias palabras, «la historia d’una
xente que, con unos medios humildes y una voluntá
enorme, allegraron la vida a xeneraciones
enteres».
La Orquesta Iberia, de Caeras, existió entre
los 40 y 50 y estuvo compuesta por seis miembros,
de los que dos aún viven: Costante, el batería,
de 90 años, y Fito, el bombardino y trombón,
de 84. Una de sus anécdotas da cuenta perfectamente
del tiempo en que les tocó vivir: los
instrumentos con los que empezaron tocando
habían pertenecido a los miembros de otra orquesta
del pueblo de Faedo a los que habían fusilado
por interpretar en una fiesta el Himno de
Riego.
El Bandín La Armonía, de La Oteda, también
de los 40, acabó disolviéndose tras el servicio
militar de sus miembros. La Orquesta de Sanfrichosu,
duró desde los 40 hasta finales de los 70
y Rosendo, el saxofonista, aún siguió tocando
unos cuantos años más.
Los 50 vieron crecer a formaciones como la
Orquesta Urbis y la Orquesta Iris, que también
llegó hasta los 70. Como también la Orquesta
Horizonte, primera formación de lo que empezó
a denominarse ‘música ligera’ y la primera también
que contó en el concejo con una voz solista,
la de Pepe Colinas.
En los 60 surgieron la Orquesta Maracaibo,
Los Alienígenos y Los Jekes. Con la primera de
ellas es la primera vez que se tiene constancia
de un guitarrista y un contrabajista en una orquesta.
Con los Alienígenos comienza la influencia
de la televisión y de las formaciones modernas
como Los Brincos o Los Sirex. Los mayores
éxitos llegarían de la mano de Los Jekes, traspasando
las fronteras de Tinéu, llegando a dar
giras por todo España. Se había iniciado otra
época.
Todos los miembros de estas formaciones atesoran
la vida musical de un tiempo. Por eso, un
encuentro de las características del que tendrá
lugar esta tarde servirá para mostrar a los más
jóvenes los primeros pasos de lo que fue nuestra
cultura musical globalizada. La música de una
época que fue capaz de combinar los sones tradicionales
con los nuevos ritmos. Un esfuerzo
que debe agradecerse, junto a los propios músicos,
a sus organizadores, Rosa Delgado y Elías
Veiga.