 |
|
| DOS CARAS. Juan, en
sus dos facetas, la de
técnico de sonido y la de
guitarrista, en su estudio,
una nave a dos kilómetros
del centro de Oviedo. |
|
En cierto perfil, podría decirse que Juan Martínez
(Avilés, 1962) tiene un aire de boxeador.
Visto desde otro lado, se dibuja la línea
de un rostro sensible. Sería excesiva presunción
considerar que en esa ambivalencia se
configuran el técnico de sonido que ha trabajado
varios años con Ilegales (Jorge es su
hermano mayor) o al lado de Asturcón («en
la primera grabación de folk asturiano», nos
apunta, para que sepamos que aunque lo
identifique el rock, tampoco le son ajenas
otras veredas), o junto a Antonio Flores, Los
Panchos, Lola Flores, Celtas Cortos o Extremoduro...
Y que en el revés nos encontraremos
con el músico que pasó por Madson y
Metálicos (antecedentes de Ilegales), o que
desde 1983 lidera Los Ruidos, que en breve
tendrán nuevo disco en la calle. En realidad,
una y otra dedicación se prolongan o se superponen.
Y, por su parte, explica que «creo
en la creatividad», sea en uno u otro campo.
De momento, ayer mismo, celebró en la
sala ovetense ‘Nunca jamás’ el aniversario
número doce de Studios Magoo, espacio en
el que recibe a EL COMERCIO en la víspera.
Una nave en la circunscripción de Latores,
a dos kilómetros de Oviedo, desde donde
se divisa la cadena montañosa asturiana,
con el Naranco al fondo y vacas bucólicas en
la proximidad. Uno de esos paraísos que
abundan en nuestros caminos.
Sorprende que habiendo estado en el telar
de tantas grabaciones, Juan Martínez apenas
mantenga recuerdos por las paredes de
Studios Magoo de las numerosas aventuras
discográficas. Ni una sola carátula. Lo que
sin duda obedece a una personalidad que se
otorga a sí misma una importancia menor
de la que dictan los hechos. Una placa rememora
el Premio Amas 2005 en la categoría de
producción. Pero tampoco hay presencia de
los galardones de Radio 3, en 1986 y 1989, al
mejor sonido en directo, que acompañó a Ilegales.
Sólo un teleñeco que guindó en un hotel
holandés –ya ha prescrito la falta– adorna
uno de los alféizares de las salas acristaladas.
Y, por supuesto, dos guitarras, que irá
poniendo en sus manos alternativamente a
lo largo de la conversación, una Squirer Stratocaster
de acordes impecables y un bajo,
Burns, «que compré en 1976 en los Almacenes
Soto, en la plazuela de San Miguel. Era
una tienda que vendía de todo, juguetes, muebles
o instrumentos musicales. Y un bajo
como los Burns, hechos a mano, eran más
caros que los Fender, aunque me hicieron
un buen precio por liquidación».
Esa melomanía le nació pronto. Asegura
que su primer recuerdo de infancia es ver a
Los Beatles en la televisión blanquinegra del
franquismo, cuando tenía tres años, y su padre
los descalificaba «por melenudos». Podría
parecer algo literario, pero él alega sus
razones: «No sé si de tanto contarlo, me lo
acabé creyendo... De lo que estoy seguro es
de que la primera vez que lo conté, era verdad
», bromea entre paradojas.
El caso certificado es que a los ochos años,
acudió con su amigo Avelino a un bazar avilesino
regentado por gente de paz, flores y
sándalo, y se compró una guitarra Jomady
por ochocientas pesetas, a módicos plazos de
doscientas pesetas al mes. El destino estaba
marcado. Luego, llegaron Madson y Metálicos,
precediendo a Ilegales, a los que ya no
se incorporaría «por algunas tiranteces».
Prefiere no hablar de la relación con la familia,
de la que actualmente está distante.
Tomó las de Villadiego. O Villalpando. Se
marchó a Madrid. Y allí estuvo a punto de
grabar con Ariola el primer disco de Los Ruidos,
que se postergaría hasta 1993, entrando
en Los Cuarenta Principales el tema que titularon
‘Si te gustan los toros, mata a los toreros’.
«Tengo más olfato para el éxito de los
demás que para el propio», comenta de buen
talante. Pero Madrid no le complació demasiado:
«Estuve como técnico de sonido con
Antonio Flores, con Rubí... Se interesaron
los de Ñú, pero me avisaron de que eran
algo esclavistas y yo ya estaba escaldado...
Me entró una depresión y al año volví.
Siempre me pongo contra Asturias y, sin
embargo, pues eso, que te entra morriña...
Me deprimía Madrid, la gente tirada por el
metro... Aunque hice muy buenos amigos,
como Marcelo Fuentes, de Ketama, o Botafuego...
».
Volvió y codo a codo con Paco Loco ‘inventó’
el Xixón Sound, de donde salieron
Manta Ray, Dr. Explosion, Australian Blonde...
«En las zonas industriales se genera mucha
creatividad. Oviedo es más modosito. Si
bien ahora todo está bastante paradillo mires
a donde mires».
Studios Magoo es un recinto de dimensiones
reducidas, que a cambio incorpora en
las mesas de sonido y en los distintos cachivaches
tal complejidad de botones y palancas
que uno tiene la impresión de habitar la
cabina de un avión extraordinariamente sofisticado.
«Es algo así –acepta– Yo me siento
como un alquimista conjugando y agitando
bien los elementos».
¿Y hasta qué punto la gloria artística nace
en un estudio de grabación? ¿Es oro todo lo
que reluce? No tiene empacho en señalar que
«sin la tecnología actual, artistas como el
hijo de Julio Iglesias no existirían (parece
no recordar el nombre, Enrique). A medida
que la técnica avanza, que los aparatos pueden
corregir defectos, a los estudios se les
concede demasiada importancia. Antes era
imposible que alguien acabara de grabar y
te dijera que le arreglaras los sonidos mal
rematados. Ya me lo colocarás tú, te indican,
y ya está. Son buenos los progresos tecnológicos,
si no se abusa de ellos». Él se ha sentido
cómodo por igual con Los Panchos o con
Extremoduro, quienes le hicieron un sitio
en su casa de Plasencia. Deben ser los años
y kilómetros recorridos, que le han dado don
de gentes.
Studios Magoo celebró su cumpleaños
con Black Horde y Supereula, «un grupo de
Mieres que dará mucho que hablar». También
habrá motivos para hacerlo con las
doce nuevas canciones de Los Ruidos, de
‘Las calles de Gijón’ a una versión cañera
de ‘Only you’. Al final, Juan fuma un cigarrillo
tranquilamente ante las montañas.
Un tipo con dos perfiles y una sola vocación:
la música.