jueves, 17 de marzo de 2011

Dos perfiles y una vocación
Le ha puesto sonido a Los Panchos, a Extremoduro y hasta a Lola Flores. Grabó al Xixón Sound, estuvo en la fundación de Ilegales... Hoy celebra los doce años de Studios Magoo, un espacio entre montañas, pero también coge su guitarra y prepara nuevo disco de Los Ruidos, con una versión cañera de ‘Only you’

TEXTO: ALBERTO PIQUERO
FOTOGRAFÍA: JESÚS DÍAZ

DOS CARAS. Juan, en sus dos facetas, la de técnico de sonido y la de guitarrista, en su estudio, una nave a dos kilómetros del centro de Oviedo.

En cierto perfil, podría decirse que Juan Martínez (Avilés, 1962) tiene un aire de boxeador. Visto desde otro lado, se dibuja la línea de un rostro sensible. Sería excesiva presunción considerar que en esa ambivalencia se configuran el técnico de sonido que ha trabajado varios años con Ilegales (Jorge es su hermano mayor) o al lado de Asturcón («en la primera grabación de folk asturiano», nos apunta, para que sepamos que aunque lo identifique el rock, tampoco le son ajenas otras veredas), o junto a Antonio Flores, Los Panchos, Lola Flores, Celtas Cortos o Extremoduro...

Y que en el revés nos encontraremos con el músico que pasó por Madson y Metálicos (antecedentes de Ilegales), o que desde 1983 lidera Los Ruidos, que en breve tendrán nuevo disco en la calle. En realidad, una y otra dedicación se prolongan o se superponen. Y, por su parte, explica que «creo en la creatividad», sea en uno u otro campo.

De momento, ayer mismo, celebró en la sala ovetense ‘Nunca jamás’ el aniversario número doce de Studios Magoo, espacio en el que recibe a EL COMERCIO en la víspera. Una nave en la circunscripción de Latores, a dos kilómetros de Oviedo, desde donde se divisa la cadena montañosa asturiana, con el Naranco al fondo y vacas bucólicas en la proximidad. Uno de esos paraísos que abundan en nuestros caminos.

Sorprende que habiendo estado en el telar de tantas grabaciones, Juan Martínez apenas mantenga recuerdos por las paredes de Studios Magoo de las numerosas aventuras discográficas. Ni una sola carátula. Lo que sin duda obedece a una personalidad que se otorga a sí misma una importancia menor de la que dictan los hechos. Una placa rememora el Premio Amas 2005 en la categoría de producción. Pero tampoco hay presencia de los galardones de Radio 3, en 1986 y 1989, al mejor sonido en directo, que acompañó a Ilegales.

Sólo un teleñeco que guindó en un hotel holandés –ya ha prescrito la falta– adorna uno de los alféizares de las salas acristaladas. Y, por supuesto, dos guitarras, que irá poniendo en sus manos alternativamente a lo largo de la conversación, una Squirer Stratocaster de acordes impecables y un bajo, Burns, «que compré en 1976 en los Almacenes Soto, en la plazuela de San Miguel. Era una tienda que vendía de todo, juguetes, muebles o instrumentos musicales. Y un bajo como los Burns, hechos a mano, eran más caros que los Fender, aunque me hicieron un buen precio por liquidación».

Esa melomanía le nació pronto. Asegura que su primer recuerdo de infancia es ver a Los Beatles en la televisión blanquinegra del franquismo, cuando tenía tres años, y su padre los descalificaba «por melenudos». Podría parecer algo literario, pero él alega sus razones: «No sé si de tanto contarlo, me lo acabé creyendo... De lo que estoy seguro es de que la primera vez que lo conté, era verdad », bromea entre paradojas.

El caso certificado es que a los ochos años, acudió con su amigo Avelino a un bazar avilesino regentado por gente de paz, flores y sándalo, y se compró una guitarra Jomady por ochocientas pesetas, a módicos plazos de doscientas pesetas al mes. El destino estaba marcado. Luego, llegaron Madson y Metálicos, precediendo a Ilegales, a los que ya no se incorporaría «por algunas tiranteces». Prefiere no hablar de la relación con la familia, de la que actualmente está distante.

Tomó las de Villadiego. O Villalpando. Se marchó a Madrid. Y allí estuvo a punto de grabar con Ariola el primer disco de Los Ruidos, que se postergaría hasta 1993, entrando en Los Cuarenta Principales el tema que titularon ‘Si te gustan los toros, mata a los toreros’. «Tengo más olfato para el éxito de los demás que para el propio», comenta de buen talante. Pero Madrid no le complació demasiado: «Estuve como técnico de sonido con Antonio Flores, con Rubí... Se interesaron los de Ñú, pero me avisaron de que eran algo esclavistas y yo ya estaba escaldado... Me entró una depresión y al año volví. Siempre me pongo contra Asturias y, sin embargo, pues eso, que te entra morriña... Me deprimía Madrid, la gente tirada por el metro... Aunque hice muy buenos amigos, como Marcelo Fuentes, de Ketama, o Botafuego... ».

Volvió y codo a codo con Paco Loco ‘inventó’ el Xixón Sound, de donde salieron Manta Ray, Dr. Explosion, Australian Blonde... «En las zonas industriales se genera mucha creatividad. Oviedo es más modosito. Si bien ahora todo está bastante paradillo mires a donde mires».

Studios Magoo es un recinto de dimensiones reducidas, que a cambio incorpora en las mesas de sonido y en los distintos cachivaches tal complejidad de botones y palancas que uno tiene la impresión de habitar la cabina de un avión extraordinariamente sofisticado. «Es algo así –acepta– Yo me siento como un alquimista conjugando y agitando bien los elementos».

¿Y hasta qué punto la gloria artística nace en un estudio de grabación? ¿Es oro todo lo que reluce? No tiene empacho en señalar que «sin la tecnología actual, artistas como el hijo de Julio Iglesias no existirían (parece no recordar el nombre, Enrique). A medida que la técnica avanza, que los aparatos pueden corregir defectos, a los estudios se les concede demasiada importancia. Antes era imposible que alguien acabara de grabar y te dijera que le arreglaras los sonidos mal rematados. Ya me lo colocarás tú, te indican, y ya está. Son buenos los progresos tecnológicos, si no se abusa de ellos». Él se ha sentido cómodo por igual con Los Panchos o con Extremoduro, quienes le hicieron un sitio en su casa de Plasencia. Deben ser los años y kilómetros recorridos, que le han dado don de gentes.

Studios Magoo celebró su cumpleaños con Black Horde y Supereula, «un grupo de Mieres que dará mucho que hablar». También habrá motivos para hacerlo con las doce nuevas canciones de Los Ruidos, de ‘Las calles de Gijón’ a una versión cañera de ‘Only you’. Al final, Juan fuma un cigarrillo tranquilamente ante las montañas. Un tipo con dos perfiles y una sola vocación: la música.