Estimado Bautista. Ahora que
pasa una mala racha me gustaría
decirle que pocos cantantes
como usted ha habido en este
país; su garganta prodigiosa ha
sido el auténtico maná de las Islas
Afortunadas. Pero también
sabrá que yo, como muchos
otros, nunca estuve de acuerdo
con algunas de las decisiones tomadas
bajo su mandato. Detesto
que la SGAE haya adquirido
la red de teatros ARTERIA porque
una sociedad de gestión de
derechos de autor jamás debería
ser una suerte de inmobiliaria.
Tampoco está bien cobrar a
las peluquerías y es un anacronismo
que, con la tecnología actual,
aún se reparta un buen porcentaje
del dinero por sondeo.
Me dirá usted que la junta directiva
que cada cuatro años le
nombra está elegida democráticamente
y, en parte, es cierto.
Pero también sabrá que, en
SGAE, los autores que más dinero
generan son los que más
sufragios tienen; es como si el
voto de Florentino Pérez valiese
cincuenta veces más que el
mío sólo por ser millonario. Con
este sistema, admitirá que es
muy difícil cambiar las cosas,
ya que los compositores más ricos
no parecen dispuestos a la
entrada de nuevas ideas.
Por otro lado, reconozco que
ha puesto al día una sociedad
que, hace treinta años, estaba
anquilosada, y que se han organizado
numerosos cursos destinados
a la formación de los autores.
Para terminar, le diré que
estoy convencido de que el pueblo
español será tan comprensivo
con usted como con los miles
de concejales imputados que
eligió en las últimas municipales.
La presunción de inocencia
es tan válida para Camps como
para cualquiera. Y ya, de paso,
apunto que este país iría mucho
mejor si la justicia y los medios
de comunicación fuesen tan expeditivos
con cualquier indicio
de corrupción como lo han sido
con la cúpula de la SGAE.
Atentamente, Igor.