jueves, 13 de mayo de 2010

GONZÁLO RODRÍGUEZ ENÓLOGO Y PROPIETARIO DE MÁS QUE VINOS

«El vino es mucho más que la perfección técnica, es lo que sientes
El enólogo que elabora en media España fue tentado hace años para hacer vino de media España fue tentado hace años para hacer vino de Cangas

MIGUEL LLANO

Gonzálo Rodríguez en el restaurante Vinoteo, en Oviedo. / JESÚS DÍAZ

Gonzálo Rodríguez estuvo la semana pasada en Oviedo para hablar de sus vinos. Lo hizo durante la cata de Ibéricos que organizó el Vinoteo. Enseguida, cosa rara en estos eventos, surgió la polémica: «Es buena, no todo el mundo puede estar de acuerdo ». Gusten más o menos, su niña bonita, de su propia bodega, ‘La Plazuela’, está reconocido como uno de los grandes del país.

– La crisis ha sacado a relucir muchos vinos que se hacían sólo para buscar prestigio.

– Parece ser que tener una bodega de vino es como tener un título nobiliario. Pero la bodega no es algo que surja de la nada, la bodega tiene que tener un porqué, un espíritu y se tiene que transmitir en los vinos y eso no se transmite con facilidad.

– ¿De dónde viene Gonzalo?

– De un enólogo de La Mancha que en la década de los 80 pasa a la Ribera del Duero, que llevaba creo recordar tres años como denominación de origen. Fui a las bodegas Valduero, y luego de ahí pasé a la Rioja Alavesa a Bodegas Solagüen, luego Pérez de Gamuza...

– ¿En los 80 era un tipo raro?

– Yo soy enólogo por una razón, me gustan las aves y quiero vivir en el mundo rural. Pensé que tenía que buscarme un trabajo que tuviera siempre una conexión con los pueblos porque es donde yo voy a ver pájaros. Me decidí y estudié enología en Madrid.

– ¿Cuántos eran en clase?

– Éramos cinco.

– ¿Qué te decían los amigos?

– Que me iba a comer las uñas, que no tenía futuro, que cómo se me ocurría ser enólogo. Fíjate luego los enólogos lo que hemos sido en España y donde hemos llegado, no tanto como los cocineros, pero con un buen nivel.

– La gastronomía se entiende como arte, al vino y destilados les falta un poco más.

– Es difícil luchar contra eso. Quizás sea más difícil hacer algunos platos que un vino, pero en realidad, la cuestión es trasmitir lo que es el vino. El producto del campo, de la tierra, la pasión. Hay que contarlo y no achicarse.

– A veces le toca discutir.

– Sí, pero la polémica es buena. No todo el mundo tiene que pensar que mi vino es el mejor y yo no digo eso.

– ¿Ha hecho vinos malos?

– Claro que sí, no lo he vendido. Lo he mezclado con otros vinos y lo he vendido a granel y no pasa nada. Un señor de la Selva Negra (Alemania) un día partiendo un trozo de pan, me vio partirlo mal y me lo quitó. Me dijo: la perfección es alemana.

– ¿Es aplicable a los vinos?

– La perfección es lo que cada uno cree y el vino es mucho más que la perfección técnica, es lo que sientes.

– ¿Qué sentimiento tienen las principales denominaciones?

– Va con el clima, en las riberas hay ríos y humedad, en la meseta, continentalidad, hay que saber traducir eso y pensar que, también, es fundamental la altura.

– ¿Dónde está la clave?

– El enólogo lo que tiene que saber es cuándo tiene que vendimiar. Cuándo está la uva madura para arrancar la vendimia. Ahí es cuando los enólogos tenemos más presión.

– Sirve el paisanaje para saber el tiempo que va a hacer.

– Sirve, pero tengo que reconocer que me meto en internet para saber que tiempo va a hacer siete días más tarde.

– ¿Qué hay que contar ahora del mundo del vino?

– En España se están haciendo muchos vinos, muchas marcas y de muchas denominaciones de origen muy diferentes. Se están haciendo muchos vinos pero de ahí a que sean buenos, hay diferencia. Se está haciendo mucho vino bueno que al final, al ser mucho, se convierte en mediocre. El vino realmente excepcional lo hacen cuatro.

– ¿A quién hay que seguir?

– Vinos de Toro, Dos victorias, Pintia de Vega Sicilia, y luego me voy a Jumilla, vinos relamente interesantes. Vinos elaborados con monastrel, que estaba perdida hace unos años y nadie creía en ella. Y te voy a decir una cosa, la garnacha, que es la madre de todas las uvas, es la única que cuando mezclas es capaz de juntar otras. Así la usaban en La Rioja antes. La garnacha de la Rioja baja, que era peyorativa, porque les interesaba a los de la alta, pero que luego la compraban de 14’5 º.

– ¿Dónde están las mentiras del vino?

– Normalmente en el vino común. Vinos que parecían algo y que luego no eran nada.

– ¿Qué se hacía?

– No sé, pues ponerte una variedad por otra y decir que es lo que no es. Y luego en la misma variedad: todas las mencías no son buenas. Las hay que tiene carácter y las hay que no. Tiene carácter cuando está a unos metros determinados. Una cultivada en tierras altas de León puede ser buena, las cultivadas en vegas donde se quitó la remolacha para poner uva, no.

– ¿Qué opina del vino de Cangas?

– Con el blanco puede haber relación entre el esfuerzo de la viña y el resultado. Con el tinto quizás no. Habrá que seguir trabajando, pero quizás no merezca la pena.

– ¿Le han propuesto algo aquí?

– Sí, hace 4 o 5 años me tentaron pero no cuadramos, quizás yo no lo veía, a lo mejor yo estoy equivocado.