Miguel A. Fuente Calleja
A finales del mes de agosto, cuando ya los turistas ocasionales habían mermado su presencia por el Principado, nos acercabamos hasta Panes con el fin de despedir en su regreso a Chile, a varios amigos residentes en el continente americano, atendiendo la invitación del empresario hostelero de Bores Lucio Torre Vega propietario del Hotel Principado en Santiago de Chile y de José Antonio Rugarcía Cosío, propietario del restaurante hostal Covadonga de Panes.
Partimos de Llanes con orbayu que se acrecentaba según ascendíamos la carretera del Río de les Cabres. Por Arenas de Cabrales en el gris del día, destacaban los coloridos de los chubasqueros en los viandantes y los tenderos con ganas de rematar el verano de existencias, los exponían a la entrada de los comercios.
Nos acordamos de Francisco Prieto, alma mater del festival del queso de Cabrales que se celebraría al domingo siguiente. Quico falleció hace unos años y es recordado en la prensa regional por su amigo Bustillo y en el certamen quesero le hicieron merecido homenaje para perpetuar su reconocido trabajo.
Con el río Cares como compañero de viaje, seguimos ruta por carretera recién asfaltada y llegamos hasta La Molinuca donde hay parada obligatoria para saludar a los posaderos y hablar de pesca, del tiempo y de lo que haga falta.
Es mediodía y como aún es pronto para la cita que nos llevaba hasta la capital de Peñamellera Baja, decidimos ir a conocer el pueblo de San Esteban de Cuñaba. Carretera de tres kilómetros empinada donde las haya.
En lo alto, se mezcla el orbayu con los rayos de sol de los Picos.
Hace viento y contra el suelo sue nan las avellanas. Los escasos turistas que allí encontramos, están felices con la climatología.
Es lo que estabamos buscando, según nos asegura una familia de Elche. Saludamos a Manolo Corcés y a su esposa Manolita. Él, nativo de San Esteban y ella del pueblo cabraliego de Asiego. Buena mezcla y buena xente. Son anfitriones del turismo rural y solamente ellos saben lo que han peleado por potenciar su pueblo montañero, Manolo ejerce además de corresponsal de prensa y de alcalde pedáneo.
Empieza a lucir el sol cuando llegamos de vuelta a Panes.
En El Comportu, en la carretera general, Nisio y Marienca atienden con esmero la taberna- estanco, donde todo está decorado con afiches, banderas, fotografías y demás artilugios relacionados con Fernando Alonso.Me imagino como serán las horas de competición por los circuitos del mundo y a través de la televisión desde esta agradable taberna.
En el restaurante Covadonga, santo y seña de la gastronomía de la zona, José Antonio atiende con sabiduría al cliente.
Todos parecen ser amigos suyos y quizás lo sean. Como sabe de nuestra debilidad, nada mas llegar no ofrece unas exquisitas albóndigas y un blanco de Rueda que ha hecho reposar en solera, costumbre ésta extendida por Cantabria y por el oriente asturiano, aunque en decadencia en nuestro territorio a favor de la sidra.
Las albóndigas del Covadonga deberían figurar en todos los recetarios habidos y por haber.
No me atreví a pedirles la fórmula.
Como el encuentro era de despedida, lo hicimos con un ‘puchero’ de garbanzos con pantruque que por la zona y debido a que era año jubilar en Liébana llamaban del peregrino, pero nos quedamos con las ganas de disfrutar con la merluza fresca garantizada llevada desde San Vicente de la Barquera o con unas verdinas de Llanes –no de Argentina como son frecuentes– con gula. Carmen, la jefa y psicóloga por natura de la casa, nos recomienda ambas especialidades para mejor ocasión.
Brindamos al final con Lucio, con su esposa Carmen, con el propio anfitrión Rugarcía Cosío, con Claudio también residente en Chile, con Luchi, con Marino González, –oficiosamente quesero mayor de Asturias– con Damián y un montón de amigos más que apuraron la despedida para preparar el inevitable regreso a su tierra de acogida. Estaban en el punto de dejar de ser los chilenos de Panes, para reconvertirse en los asturianos de Chile.
Ellos ya lo han aceptado hace mucho años como mal menor de la emigración que les ha tocado vivir.