jueves, 13 de septiembre de 2007

RESTAURANTE CASA MANUELA - (Cangas de Onís)
Rural y marinero

Cangas de Onís media entre la alta mar y la alta montaña, y ese doble carácter define este restaurante, de prestigio creciente y justificado

Luis Antonio Alías

RESTAURANTE CASA MANUELA
Celso Somoano, 2.
Teléfono: 985 849 291
Apertura: Abril 2007.
Propietario y jefe de cocina: Roberto Rey López.
Segunda: Montse Inguanzo.
Jefe de sala: Luis Ángel Díaz.
Menú laborales: 15 euros.
Menú fin de semana: 18 euros.
Media a la carta: 30 euros.
Menús degustación variados.
Mantelería, cristalería y vajilla de calidad.
Tarjetas: Sí.

Apenas lleva medio año abierto y ya está en boca de muchos comensales exigentes. Y para bien. O con mayor exactitud para muy bien. Y eso que no es Cangas de Onís lugar falto de grandes profesionales y reputados establecimientos, aunque en una capital turística de tanta importancia de todo haya. Pero Roberto Rey logró acertar a la primera con el ambiente y los contenidos, claro que la responsabilidad de dirigir sus propios fogones y de diseñar una llamativa oferta gastronómica posea por sólidos cimientos largos años de estudio, viaje, experiencia y ejercicio del magisterio culinario.

«Soy hijo de un marinero de La Arena que tras unos años navegando sacó plaza de cartero aquí, en Cangas, ocupación que simultaneó con colaboraciones periodísticas, y de una maestra canguesa que recorrió bastantes escuelas del concejo», cuenta Rey. «Me crié –prosigue– alrededor de una mesa familiar grande; éramos seis hermanos y mi madre, además de cocinar muy bien, gustaba de buscar y elegir productos de la zona. De ahí me vino la afición. Comencé trabajando en hostelería, abrí un primer establecimiento, y luego estudié y ejercí de monitor de cocina bastantes años. El deseo de desarrollarme fuera de las aulas unido al hallazgo del local idóneo dio lugar a Casa Manuela».

¿Por qué Casa Manuela? «Es un nombre que homenajea a una Manuela en concreto, vendedora del mercado local que bajaba de su aldea hortalizas, legumbres y quesos, y es un homenaje a todas las ‘manuelas’ que siguen proporcionándonos las excelentes materias primas de las que justificadamente presumimos», añade el propietario del local, adquiriendo pleno significado su imagen de empresa, una paisanina montada sobre una mula de alforjas repletas.

Mercado, he aquí la referencia principal de Rey. Una referencia de ámbito amplio, tanto de valle como de puerto, que Cangas toca las primeras cuestas del Macizo Central de los Picos de Europa mientras recibe aire del Cantábrico. Y precisamente los pescados del día, decididos a pie de barca, alcanzan una inusual perfección en consistencia y melosidad: el besugo, beneficiado de calor y aderezo lo justo, emocionaba de lo que gustaba.

Quede, pues, resaltado que sus pescados y mariscos autóctonos, del tronco de bonito sobre lecho de tomate braseado y la merluza a la sidra, o del bogavante azul –aristócrata de los bugres– a la cada vez menos humilde y siempre sabrosísima andarica, satisfarán, con los pocos selectos de diario, al ictiófago puntilloso.

Las carnes mantienen igual listón: la puridad del chuletón, el solomillo de buey en salsa trufada y el entrecot de los pastos vecinos, o el lechazo y el cochinillo de los pastos leoneses y castellanos que escala el Pontón, pasan cualquier examen de crianza, corte, preparación, acompañamiento, limpieza de aromas y delicadeza de sabores.

Naturalmente las inquietudes culinarias de Roberto Rey, sin abandonar clasicismos y mesuras, aciertan con otros registros; véase y degústese el goloso carpaccio de buey con virutas de foie en vinagre de sidra, los raciales tortinos de maíz con picadillo y huevos de codorniz, las imprescindibles verdinas y los intensos arroces con marisco o pitu caleya; el meloso de langostinos, almejas finas y crujiente de ibérico nos provoca, sólo por el enunciado, un atractivo casi irrefrenable.

¿Casquería exquisita y compleja? Si gusta que el paladar registre agridulces celestes decídase por el medallón de rabo de buey deshuesado relleno de boletus y caramelo de foie y las manitas de cerdo rellenas de lacón y foie. Ensaladas verdes con pechuga escabechada de pitu, con mollejas de pato y con ventrisca cumplen función de plato formal, y los postres caseros usan manzanas del Sella, queso de los Beyos y avellanas y castañas de cucurucho romero: el carácter de Roberto Rey y el carácter del Oriente entrelazan genio y paisaje.

Un paisaje que el local recoge en sus centenarias y reutilizadas vigas de madera, en sus igualmente reutilizados ladrillos de tejera vieja, en sus piedras de río, en su columna tallada, en la serenidad amplia de los comedores laterales y la cuidada entrada de barra y tapas, en la aún veraniega terraza... Y en la historia –familiar y local– que cuelga de las paredes hecha foto y raíz entrañable: hay escolares posando con maestras, y hay carteros llevando cartas de ausencias y sentimientos antes de convertirse los bancos y las publicidades en nuestros primordiales, insistentes y cotidianos remitentes.