Parece que algunos fumadores se creen con derecho a ocupar e invadir las calles y las aceras como si les pertenecieran en exclusiva. No contentos con ello se indignan cuando se les recuerda, en este caso a través de El Comercio, que las aceras son para todo el mundo. No son propiedad privada de los fumadores, que lo único que saben hacer es protestar por protestar. En la ciudad debe haber unas normas básicas de convivencia y ser respetadas por todos. Tiene toda la razón del mundo el señor que protestaba en esta misma columna de que a las puertas de sidrerías, bares y demás están todos los fumadores ocupando la acera y no hay por dónde pasar. ¿Es demasiado pretender que un fumador tenga educación y respeto hacia los demás? La mayoría de los fumadores no contentos con eso, como ahora por suerte no se puede fumar en los locales invaden las aceras y pobre del que intente pasar por allí porque tiene que pasar para acceder a su portal, su garaje o porque no le da la gana de tener que cruzar la calle porque unos cuantos impresentables se adueñen de la calle con total impunidad y carencia de civismo o respeto.
Es impresentable que un fumador muy gracioso defienda su derecho a fumar donde y como le dé la gana. Todo esto se solucionaría si nuestra queridísima policía municipal se pusiera a trabajar de una vez, que llevan demasiados años haciendo nada y mirando para otro lado. Que se den un paseo por nuestras calles y les recuerden a algunos qué significan algunas palabras (civismo, educación, respeto y derecho de tránsito) que el humo de su apestoso tabaco no les deja ver. Que les recuerden alguna que otra normativa municipal que deberían desempolvar por la vía rápida.
Y a esos fumadores tan graciosos que se creen que los demás tenemos que tragar sus malos humos y su ausencia de educación tres cosas: si les parece mal lo que escribo que se vayan a otros países donde no se puede fumar tampoco en la calle, que se vayan a fumar a su casa, y ojalá costase la cajetilla 300 Euros.
O bien, si son tan graciosos como para hacer lo que les da la gana y mucho cuidado con llamarles la atención, que se vayan a fumar al circo, siempre necesitan payasos.


